Proselitismo

El proselitismo es la propuesta e invitación pública a compañeros, conocidos y amigos para compartir una determinada convicción ideológica.

Hacer proselitismo, en la antigüedad, era la misma cosa que difundir la fe cristiana anunciando a Cristo.

En el Antiguo y Nuevo Testamento el extranjero convertido al judaísmo “es prosélito”. En ese sentido, el proselitismo es el celo por ganar prosélitos, lo que equivale para un cristiano al “celo por ganas almas para Cristo”.

Personas rodeando a candidato político en acción de proselitismo.

Las campañas electorales están en directa relación con el proselitismo político.

Origen del término

Por su etimología de origen griego, el término proselitismo deriva de proselytismos. Su significado es “doctrina religiosa que trata de convertir o incorporar personas de otra religión”.

La palabra tiene origen en el término “prosélito”, usado por la Biblia para designar a quien procedía de otro pueblo pero que acogía la fe judía.

La iglesia cristiana usó la palabra por analogía al hablar de “hacer prosélitos”, en el sentido de evangelización y apostolado.

Según consta en el libro de Marcos 16.15: “Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura”…”El que creyere será salvo…”

En términos espirituales, la labor de evangelización se caracteriza por un profundo respeto por la libertad. Ya que Dios quiere ser amado de verdad por libre elección o libre albedrío.

La evangelización no es proselitismo sino atracción por el evangelio. Toda vocación por él es el encuentro de dos libertades: el llamado de Dios a seguirlo y la respuesta del ser humano.

En el Siglo XX el vocablo proselitismo se aleja del sentido espiritual de respeto por la libertad. La acepción toma una connotación diferente, socialmente negativa.

Se lo entiende como la acción de ganar adeptos a una causa política, ya sea electoral o de rebelión.

Proselitismo político

La expresión más común del proselitismo político son las campañas electorales. Sus esfuerzos se concentran en inducir la decisión de las personas a cambiar su preferencia política.

Hacer propaganda política o difundir las propias ideas y proyectos no constituye delito alguno. Pero existen conductas reprochables que rompen las reglas de la convivencia política.

En estos casos, la acción proselitista recurre al uso de slogans fundados en mentiras o engaños sobre el contrincante, para forzar la voluntad del electorado.

La política como herramienta de cambio

La sociedad debe recuperar la política como herramienta de cambio, como modo de acción para transformar la realidad.

La despolitización de los sujetos no es casual. Sino que se construye a través de un arduo trabajo consciente de los medios masivos de comunicación.

Sin embargo, los medios no tienen exclusiva responsabilidad de la desmovilización de la sociedad. El “no te metas”, es una consigna poderosa que se construye día a día en las relaciones sociales que establecemos. Implica un “no participes, no reclames, no protestes, no cambies nada” porque no vale la pena.

Esta no participación deja el camino libre a los más poderosos. Para adjudicarse la representación social y actuar en función de sus intereses individuales.

Para volver a encontrar el sentido de lo político, hay que recordar que la exclusión y la desigualdad social resultan de las decisiones de quienes ejercen el poder.

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