Clase social

La clase social está formada por un grupo de personas que comparten características socioeconómicas y culturales similares.

Estas similitudes en común, están dadas por el lugar que cada individuo ocupa en el sistema económico de producción, en el que unos pocos son propietarios de los medios de producción, y la mayoría vende su mano de obra.

Los factores sociales y económicos determinan la pertenencia a una determinada clase social, influyendo en ello muchas veces con mayor peso que el esfuerzo, el estatus y la herencia familiar.

Las clases sociales tienen características comunes e intereses contrapuestos entre sí.

En países no desarrollados, aún con la misma inteligencia y también con un coeficiente intelectual superior, un joven de clase trabajadora tiene menos oportunidades de acceder a niveles superiores de educación que el menos inteligente de los jóvenes de clase alta.

Según Marx, en la medida en que millones de familias viven bajo condiciones económicas de existencia que las distinguen de otras clases por sus intereses, su modo de vivir y su cultura, oponiéndose a éstas de modo hostil, constituyen una clase.

En su concepción, las clases sociales sólo existen plenamente si toman conciencia de la diferencia de intereses, en confrontación con las otras clases.

Pero si la articulación de los grupos sociales es puramente local, y su identidad e intereses no genera entre ellos una comunidad, una unión y sentido de pertenencia, no constituyen una clase.

Es decir que, sin intereses contrapuestos, sin confrontación, sin diferencias, no hay clase social, porque todos formaríamos parte de una misma masa con características idénticas.

En el siglo XIX, en el año 1845, Marx y Engels habían señalado que los individuos sólo forman una clase social cuando se ven obligados a sostener una lucha común con otra clase, en el plano de la competencia.

Porque se encuentran con modos y condiciones de vida predeterminadas, ya que la clase social les asigna una posición en la vida, y con ello, la trayectoria de su desarrollo personal y las oportunidades de crecimiento (o la falta de ellas).

El otro social siempre está presente en el horizonte de las experiencias humanas, ya que estamos inmersos en un constante proceso de socialización.

El sujeto no sólo es un sujeto relacionado, sino que también es un sujeto producido y productor de la realidad de su vida cotidiana.

El ser humano es un sujeto social, “no hay nada en él que no sea la resultante de la interacción entre individuos, grupos y clases” (Pichón Riviere).

Esta concepción “pichoniana” del hombre como transformado y transformador, lo sitúa en su contexto específico, en su circunstancia, en el lugar donde desarrolla su vida y satisface sus necesidades de supervivencia.

En este proceso el sujeto se adapta activamente, motivado por sus necesidades intrínsecas, en una espiral dialéctica de aprendizaje, a partir de una praxis en la que interacciona socialmente.

Este sujeto, que se constituye a partir de tramas vinculares que trascienden su subjetividad, pertenece a un orden sociohistórico determinado, a un grupo social específico, según sea su posición en las relaciones de producción.

En la sociedad capitalista, distinguimos la clase de los dueños de los medios de producción del trabajo, propietarios del capital, que concentran el mayor porcentaje de la propiedad privada, por un lado.

Y la clase trabajadora, formada por quienes venden su mano de obra a los dueños de los sistemas de producción.

Necesariamente, en el capitalismo, ambas clases tienen intereses contrapuestos, ya que el dueño del capital pretende minimizar el valor del trabajo para obtener cada vez más ganancias, explotando al trabajador.

Y éste, pretende ascender en la escala social con esfuerzos inútiles, ya que las clases sociales más desfavorecidas tienen múltiples dificultades para acceder a la educación y formación superior.

La propiedad privada y la forma de distribución de la riqueza, son factores decisivos a la hora de determinar la división de clases, ya que las propiedades y el capital tienden a concentrarse en un número reducido de personas.

Sin embargo, al momento de elegir a los candidatos electorales, muchos trabajadores carecen de conciencia de clase, es decir de esa capacidad para darse cuenta de la alienación económica en la que están inmersos, que le impide conocer la esencial dimensión que tiene la vida productiva para su autorrealización personal.

La concientización de la clase trabajadora le permitiría desenmascarar los discursos, relatos y explicaciones capitalistas, que justifican un sistema que los privilegia.

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