Sentido de pertenencia

Podemos definir al sentido de pertenencia como aquel sentimiento de identificación de una persona con el grupo al que pertenece, del que forma parte, y con el ambiente en el que desarrolla su vida cotidiana. El sentido de pertenencia está vinculado con el bienestar de los sujetos, considerando que la identidad individual se nutre de la pertenencia a un territorio específico y a un grupo social. La psicología, en sus diferentes corrientes, subraya que la identidad de las personas es reflejo de los vínculos sociales que ellas establecen, vínculos que generan el compromiso del sujeto con el grupo, su cohesión y las condiciones que propician la identidad social.

El sentido de pertenencia puede definirse como un sentimiento de arraigo con un ambiente determinado, a partir de la relación del sujeto con su ambiente físico, que es contenedor de referencias no sólo espaciales sino también sociales, históricas y afectivas. La existencia en la persona de un sentido de pertenencia, genera un compromiso en relación a la construcción de significaciones que formarán parte de su memoria personal a lo largo de su vida y la del grupo al que pertenece.

El sentido de pertenencia se compone de sentimientos afectivos y emocionales con un grupo social y un ambiente físico determinado.

En la teoría de los grupos, temática abordada por la Psicología Social, el sentido de pertenencia a un grupo se adquiere a través de un proceso dinámico a través del cual los integrantes del grupo se visualizan como tales, a la vez que sienten a los demás integrantes incluidos en su mundo interno. Es decir que se da un proceso de internalización recíproca, por el que cada miembro sabe que puede contar con el otro gracias a ese sentimiento de pertenencia.

El sentido de pertenencia permite establecer no sólo la identidad del grupo como tal, sino también la propia identidad del sujeto como miembro de él. Para Jean-Paul Sartre (filósofo, escritor, dramaturgo y político francés), por la pertenencia el sujeto se ve a sí mismo como parte de un grupo, como perteneciente, adquiriendo una identidad o referencia básica que le posibilita ubicarse situacionalmente y elaborar estrategias de vida. Sin el sentido de pertenencia estaremos en presencia de lo que el pensador definió como “serialidad”, que es la circunstancia de compartir espacio y tiempo sin conexión emocional, sin percibirse mutuamente los integrantes del grupo.

Un ejemplo que ilustra la serialidad (carente de sentido de pertenencia), es la gente que espera todos los días el colectivos en la misma parada a la misma hora. Ellos comparten un mismo tiempo y espacio pero no se conocen mutuamente, no tienen conexión afectiva, no tienen internalización recíproca unos con otros. Esta conexión emocional y afectiva determina el sentido de pertenencia con un grupo social.

En la pirámide de las necesidades humanas, la pertenencia está entre los primeros escalafones. Una vez satisfechas las necesidades de seguridad, emergen las de afecto, amor y pertenencia a un grupo social.

El sentido de pertenencia no está relacionado con lo que viene dado, como podrían ser los lazos de sangre, sino con lo adquirido, lo logrado por el grupo y el sujeto que se integra. Si tomamos el ejemplo de una familia, primer grupo social por excelencia, nada asegura que un miembro se sienta parte sólo por la existencia de lazos consanguíneos; son los vínculos, la contención del seno familiar y la disponibilidad de los miembros quienes determinan el sentido de pertenencia al grupo.

En el caso de los partidos políticos, se puede ser parte de una lista de candidatos sólo por estar incluido en ella pero sin pertenecer, ya que si no existe una verdadera integración que permita participar de las actividades del grupo político, no estaremos en presencia de un sentido de pertenencia a dicho partido.

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