Convicción

Tener convicción sobre una idea es estar seguro de la verdad o posición que se esgrime.

La palabra convicción deriva del latín convictio, que significa “firme creencia”. Pertenece a la familia de palabras de convictus, que quiere decir “convencido”. La convicción es un motor que impulsa a la acción, ya que la certeza nace del fuero íntimo de las personas.

Las convicciones religiosas se manifiestan con tradiciones como el bautismo.

¿Cómo reconocer una convicción?

En casi todas las áreas, tener una firme creencia implica tratar de transmitirla a otras personas.

Para sustentar un argumento y persuadir a los demás sobre él, es necesario identificar la convicción que se tiene acerca del tema.

El primer paso es el análisis de la creencia, instrumento útil que permite:

  • Desentrañar la esencia de una idea
  • Formular las razones para sustentarla.

Las creencias o convicciones son un bagaje personal, formado por las distintas verdades que los sujetos casi siempre estamos en condiciones de defender.

En muchos casos, nuestras razones son juzgadas por los interlocutores como objetivas y suficientes. Pero no siempre ocurre lo mismo.

Hay ocasiones en que debemos enfrentarnos al debate, y contar para ello con la argumentación que respalda nuestro argumento.

¿Cómo respaldamos nuestra convicción?

Para justificar nuestra creencia en una determinada verdad, a veces nos apoyamos en el enunciado de un autor reconocido. Es decir que nos basamos en la autoridad que le conferimos al texto.

Otras veces sustentamos la afirmación en una convicción propia, basada en nuestra experiencia personal.

Los mecanismos a los que acudimos en forma habitual para respaldar una creencia se llaman esquemas epistémicos.

Es decir que nuestras convicciones pueden ser sustentadas por nuestras creencias, convencimiento o estados epistémicos. O bien por una mezcla de nuestros sentimientos y emociones sobre el particular.

Convicción política

El reconocido sociólogo, historiador y jurista alemán Max Weber (padre de la sociología), planteó el dilema de la vocación y la convicción en la dirigencia política.

En su teoría, contrapuso la ética de la convicción y la ética de la responsabilidad por lo que se hace o se ignora. Dejando planteado un dilema que refleja la compleja relación entre política y ética.

En la política, las convicciones se reflejan con frecuencia con alta intensidad, y se expresan con vehemencia y pasión. Para poder “convencer” a otros, la oratoria va acompañada de la expresión corporal ya que en la comunicación, el lenguaje no verbal da fuerza al mensaje.

La política de convencimiento, es una forma de proselitismo que se usa en especial para hacer campañas políticas. Para llevar a cabo esta tarea, hace falta partir de la base de una firme convicción en los propios ideales.

Las personas que acceden a las candidaturas electorales sin convicción política, ejercen a posteriori los cargos públicos sin compromiso público.

Quien hace actividad política, aspira al poder como medio para conseguir fines que a veces son idealistas, y otras egoístas.

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