Procrastinación

La procrastinación es el aplazamiento de una obligación, de una responsabilidad o de un trabajo, para realizar actividades irrelevantes que nos resultan más placenteras. La procrastinación es una forma de evasión para no enfrentar una situación, una decisión o la realización de una tarea. Del latín procrastinare, (pro “adelante” y crastinusrelativo al futuro”) su significado es “postergar hasta mañana”. A su vez procrastinare deriva del griego akrasia, o “hacer algo en contra de nuestro menor juicio” o “de manera irracional”.

Al procrastinar posponemos las cosas para un futuro indefinido en el que creemos que tendremos las condiciones ideales para resolver aquel asunto pendiente. Esto sucede porque en nuestra representación mental de aquello que procrastinamos está asociado el dolor, la dificultad, el miedo al fracaso, o la sobrecarga de responsabilidades.

Las personas procrastinamos de maneras diferentes, generalmente con actividades externas como los juegos, la televisión o internet.

La procrastinación puede asociarse con un trastorno del comportamiento en el que el sujeto evita aquello que debe hacer puesto que lo relaciona con el estrés, la incomodidad y el temor. Por eso busca un refugio en una actividad exterior de la que a veces muchas personas se hacen adictas, sin percatarse de que resultan un escape al cumplimiento de una obligación que interiormente es negada.

Algunas personas procrastinan utilizando en exceso las redes sociales, mirando series de televisión o realizando tareas superfluas como ordenar alfabéticamente los libros de la biblioteca a la hora de cumplir un compromiso ineludible.

Cuando aplazamos una tarea importante, no necesariamente lo hacemos por holgazanería. La procrastinación es mucho más que la postergación voluntaria de algo, sino que es una forma de hacernos daño a nosotros mismos. Al momento de diferir una tarea que deberíamos realizar, no sólo somos conscientes de ello sino que además sabemos que no es una buena idea.

Por esa razón se afirma que esencialmente la procrastinación es irracional, porque a pesar de darnos cuenta de la conducta evitativa, igual lo hacemos. Las personas ingresan en un circuito irracional de procrastinación crónica a causa de su incapacidad para manejar sus estados de ánimo negativos en relación a una tareas. La procrastinación no se relaciona con el carácter ni con la administración del tiempo, sino con el manejo de las emociones.

Cuando postergamos una tarea se exacerba nuestro estrés y nuestra angustia con pensamientos rumiantes, sentimientos de culpa y de baja autoestima, entrando en un círculo vicioso. Suspender la tarea aporta alivio inmediato, lo cual, según el conductismo básico, impulsa el sistema de recompensas convirtiendo la procrastinación en un hábito crónico.

Nuestro cerebro está buscando siempre recompensas relativas, por eso para llegar a la raíz de esta conducta es indispensable manejar nuestras emociones de una manera diferente y reconfigurar nuestro hábito de procrastinación brindando al cerebro una recompensa alternativa que sea mejor que la evasión.

Se trata de una alternativa que brinde alivio a nuestros sentimientos actuales sin perjudicar nuestra salud mental a largo plazo. La solución para romper con este hábito es absolutamente interna, y no depende de ninguna otra cosa que de nosotros mismos.

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