Fracaso

El término fracaso deriva del verbo “fracasar”, del italiano fracassare que proviene del latín frangere cuyo significado es “romperse, estrellarse”. Fracassare es una de las formas de romance italiano muy tempranas en las que el primer uso del verbo en el italiano dialectal significaba “quebrar o romper algo en pedazos“.

Por eso decimos en el lenguaje coloquial que, cuando un plan fracasa, se nos rompe en mil pedazos. Antiguamente la palabra fue recogida en el idioma español por el autor de Don Quijote de la Mancha, en expresiones como “…desbaratar ejércitos y fracasar armadas…”, en clara alusión a la acción de destruir.

Un signo de los tiempos actuales es el fracaso escolar, cuyo origen generalmente es la desigualdad social.

Según la Real Academia Española de Letras, el vocablo fracaso puede relacionarse con una persona cuando tuvo un resultado adverso en un proyecto; con un plan o negocio que se malogra o frustra; con una embarcación que se destroza, se hace pedazos y se desmenuza al tropezar con un escollo; o con un mero destrozo.

En la actualidad, el uso más frecuente que realizamos del término fracaso se relaciona con las metas no alcanzadas. Cuando los objetivos que pretendemos son inalcanzables, es muy probable que experimentemos una sensación de frustración e insatisfacción que podría evitarse con un mayor autoconocimiento y evaluación adecuada de las propias limitaciones.

Hablar de fracaso es hablar de abatimiento y desconsuelo porque la planificación que realizamos no pudo cumplirse. Tomar conciencia de no haber llegado al objetivo propuesto a pesar de los esfuerzos nos genera rabia, melancolía, sensación de derrota.

El fracaso es una sensación interior de derrota, de frustración y descontento porque algo ha fallado, ya que aquello en lo que hemos depositado nuestras expectativas se ha visto frustrado.

Sin embargo, se obtiene mayor aprendizaje con las derrotas que con los éxitos, por eso el fracaso es indispensable en el proceso evolutivo de nuestro ser. Una personalidad que enfrenta la adversidad, que supera los obstáculos y corrige las deficiencias es una personalidad que se consolida en su madurez.

Se trate de un fracaso profesional, afectivo, de pareja o cualquiera sea la índole, cada persona lo aborda de una manera distinta según su capacidad de resolución de conflictos, según el apoyo y sostén de su entorno más próximo. Los vínculos más cercanos son los que brindan contención y soporte emocional en los momentos más difíciles.

En psicología se utiliza el término resiliencia en relación a la capacidad de recuperación después de una frustración o un trauma, de resistencia a la adversidad y fortalecimiento a pesar de ella. El término fue tomado de la resistencia de aquellos materiales que, sin romperse, se doblan para recuperar la forma original.

Las personas resilientes se sobreponen a los contratiempos y salen fortalecidos de ellos, con entereza para superarlos; tienen un mayor equilibrio emocional y capacidad de adaptación ante las situaciones difíciles, lo que les permite afrontar con fortaleza los retos de la vida.

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