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La ira es una reacción primaria que nos acompaña a lo largo de nuestra vida en situaciones de conflicto. No debe confundirse con carácter ni con autoridad, sino que es un estado emocional.

Es una reacción universal del organismo, que aparece cuando el cerebro nos ordena cambiar algo. Está asociada a situaciones percibidas como ofensa o agresión, o a hechos que generan indignación.

Sentimos ira porque el cerebro primitivo nos ordena eliminar aquello que nos bloquea. Se trata de una respuesta adaptativa que consiste en quitar los obstáculos que nos impiden alcanzar algo que nos importa.

golpe de ira con un puño en el vidrio

Emoción intensa y agresiva.

¿Qué es la ira?

Como a todas las emociones, hay que entender la ira desde una perspectiva evolutiva. Cuando no logramos algo, o se interpone un obstáculo para alcanzar nuestra meta, desarrollamos una respuesta biológica. Esa reacción nos ayuda a eliminar amenazas y persistir en nuestro objetivo.

La ira es una emoción básica o primaria, necesaria para la supervivencia. Activa nuestro organismo para luchar de manera eficaz, e impulsa cambios fisiológicos, cognitivos y motores.

La forma de expresar estos cambios es diferente en cada persona. Pero la capacidad de expresarlos de manera adecuada, requiere controlar la emoción para no agredir ni transgredir los derechos ajenos.

Bajo la influencia de esta emoción experimentamos mayor segregación hormonal de adrenalina, y una sensación de indefensión ante el evento sobre el que no tenemos control.

¿Cómo se afronta?

En primer lugar, el organismo de la persona airada recluta todos los recursos internos, interrumpiendo así toda actividad. Como el objetivo es la destrucción del obstáculo que le impide satisfacer su deseo, el iracundo es capaz de emprender hazañas titánicas.

Podemos distinguir tres tipos de afrontamiento de la ira:

  • Hacia adentro (cuando el sujeto intenta suprimir la emoción, generando un alto grado de malestar interno)
  • Hacia afuera (el objetivo es explicitar el sentimiento intenso haciéndolo sentir al que se considera causante)
  • Controlando la ira (cuando el fin es madurar y procesar el sentimiento, elaborando un plan o acción resolutiva)

Según la Biblia, la ira es dañina cuando no la controlamos. En el libro de Génesis 4:3-8, Caín permitió que este sentimiento negativo se adueñe de él y asesinó a su hermano.

La ira patológica

Cuando la ira deja de ser adaptativa, aumentan las consecuencias negativas. Estas se reflejan en una serie de conductas que tratan de destruir o dañar al otro. Son comportamientos irreflexivos, que suelen ir acompañados de violencia.

La agresión que acompaña la ira es un síntoma en diversas patologías como la esquizofrenia, estrés postraumático, trastornos sádicos, entre muchos otros.

Es importante recordar que diversos estudios clínicos demostraron que quienes no pueden gestionar adecuadamente la ira, son propensos a sufrir trastornos cardiovasculares.

¿Cómo controlar esta emoción intensa?

Si sufrimos de ira patológica, lo recomendable es acudir a la consulta con un psicólogo. Un tratamiento psicoterapéutico nos ayudará a desplegar estrategias para controlar los ataques de enojo.

Si la situación no es patológica, se pueden poner en práctica estos consejos:

  • Decidir en forma consciente serenarnos, aunque no sea fácil
  • Retirarnos de la escena o alejarnos de la persona que desencadenó la ira
  • Realizar respiraciones profundas, tomar descansos para evitar el estrés y estabilizar las pulsaciones

Sinónimos de ira

enojo, furia, cólera, enfado, rabia, exasperación

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