Frustración

La frustración es un estado emocional del ser humano cuando no alcanza la satisfacción de sus necesidades. Es una reacción no adaptativa que expresa la insatisfacción ante una carencia. La frustración tiene origen en la vida intrauterina, en la que la persona por nacer tiene una percepción del mundo externo a través de las sensaciones de la madre.

Tanto las sensaciones placenteras y agradables como las necesidades insatisfechas son percibidas por el feto como sensaciones de gratificación o de frustración. Es decir que el futuro bebé sufre la influencia del medio social aún en el aparente resguardo de su vida intrauterina por medio de las modificaciones del ambiente materno.

La frustración tiene su aparición desde épocas tempranas en la vida de un sujeto, según sea el entorno familiar y sus condiciones socio económicas.

Una embarazada que sufre violencia física por ejemplo, no puede impedir la percepción de frustración por parte del feto, sensación no gratificante que empieza a constituir la futura vida psíquica. Según la Psicología Social liderada por el Dr Enrique Pichón Riviere (psiquiatra argentino nacido en Suiza e introductor del psicoanálisis en Argentina), la experiencia externa determina y es fundante de la subjetividad.

Este fenotipo o factor social precozmente adquirido en el vientre materno, es llamado “social” debido a que las experiencias del feto dentro del útero tienen esa índole, ya que estamos en presencia de un sujeto habitando en el interior de otro sujeto. El entorno materno tendrá un alto impacto en el desarrollo del feto, que dependerá de distintas alternativas.

Entre ellas la relación de sus padres, la presencia o ausencia del padre, los conflictos del grupo familiar, las vicisitudes de orden económico, o las situaciones de peligro individual o social. Este factor social, intrauterino, llamado fenotípico por Pichón Riviere , está conformado por los elementos resultantes del contexto social que se manifiestan en un código biológico.

Las distintas etapas que los sujetos atraviesan desde la infancia hasta la adultez están recorridas por distintas circunstancias, muchas de las cuales adversas, en las que se pone en juego la respuesta a la frustración. Esa capacidad de respuesta ante un conflicto puede ser catastrófica, puede manifestarse con agresión o enmascarar la tristeza a través de una depresión.

La posibilidad de resolver estas situaciones satisfactoriamente, depende de la forma en que a lo largo de la vida hayan sido enfrentadas las adversidades y frustraciones. Es necesario que desde la primera infancia la suma de situaciones gratificantes sea superior por amplio margen a las frustraciones. Si no ocurriese así, es probable que devenga un estilo conductual o forma de comportamiento inflexible y repetitivo que no se adapta a la realidad.

El sujeto mentalmente sano es el que puede enfrentarse a los conflictos tomando decisiones para resolverlos, adaptándose activamente a las posibilidades de cada situación. Es distintivo del patrón patológico la imposibilidad para realizar una adaptación flexible y acorde con los recursos que se disponen.

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