Justificación

Del latín iustificatio, el término justificación se traduce como la acción de hacer lo justo.

Coloquialmente hablamos de justificación cuando utilizamos argumentos en favor de alguna situación o actitud de otra persona.

Justificación es la acción de hacer algo justo.

Justificamos algo a través de argumentos y explicaciones, en un proceso que puede incluir pruebas para respaldar un accionar.

También podemos justificar el comportamiento o conducta de una persona porque creemos en ella, lo que hace que la justifiquemos.

Es decir que la necesidad de justificar algo o a alguien se vincula a una situación o actitud reprochable que requiere de respaldo.

Por lo tanto podemos decir que justificar es convertir en justo algo injusto, adecuándolo según las costumbres culturales y tradición de un lugar determinado.

En ciertas actividades académicas se realiza la justificación de un proyecto, en la que se expone cada una de las razones que motivaron la investigación. Se establecen juicios valorativos, se describe la naturaleza del proyecto y el objetivo que se espera alcanzar.

Resaltar la pertinencia del trabajo es necesario para destacar lo oportuno que es el proyecto en determinado contexto en el que será aplicado.

Para justificar un proyecto de investigación se deben responder ciertos interrogantes, como por ejemplo:

  • ¿Qué se va a hacer?
  • ¿Cómo se va a hacer?
  • ¿Por qué se va a hacer?
  • ¿Cuál es la importancia de la investigación?
  • ¿Qué problema cotidiano se resuelve con el proyecto?
  • ¿A quiénes beneficiaría o quiénes se beneficiarían con él?

También se deben señalar los aspectos claves del desarrollo del proyecto, como lo son las razones teóricas que se argumentan para justificar la investigación, los aspectos metodológicos y los prácticos.

La aplicabilidad y proyección en la sociedad, la forma en que beneficia el proyecto en la vida cotidiana es parte del acto de justificación.

También la Biblia habla de justificación, en lo que el cristianismo ha llamado la doctrina de la justificación.

El punto central en la teología que separa a protestantes de católicos está dado por las distintas versiones según el rol que le otorgan a la fe y a las buenas obras, a la voluntad de Dios y a la del hombre, a la predestinación y al libre albedrío.

Justificar legalmente significa absolución, es decir declarar a alguien justo o justificado, proporcionándole una sentencia favorable en juicio. Pero si hablamos de Dios, el acto de justificar es quitar toda culpa y hacer justo al pecador a través del sacrificio que hizo Cristo en la cruz.

Martín Lutero llegó a considerar a las epístolas escritas por Santiago, el hermano de Jesús, como “epístolas de hojarasca”, tal vez por creer que existía una contradicción con las enseñanzas paulinas de la justificación por fe y no por las obras.

Sin ser una contradicción la frase del Apóstol Pablo “el justo por la fe vivirá,” frente a la frase de Santiago “la fe sin obras es muerta“, ambas son complementarias.

El Apóstol Pablo analiza en sus epístolas la fuente de la fe, y Santiago habla del fruto de esa fe. Cristo es el autor y consumador de nuestra fe, pero no sólo se debe creer sino vivir lo que se cree y ponerlo en práctica.

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