Lacra

La palabra lacra deriva del latín lacca, perteneciente a la familia de palabras de “lacre”, que es la marca de pasta rojiza derretida con la que se sellaban las cartas o paquetes. El lacrado se obtiene al derretir una porción de lacre, pasta sólida de color ladrillo o rojo intenso sobre la que se estampaba un sello, y con la que antiguamente se solían cerrar los sobres antes de enviar una carta.

Según el Diccionario de la Real Academia Española de Letras, en una de sus acepciones, lacra es la secuela o señal de una enfermedad; también la define como un vicio moral o físico que marca a quien lo posee. En el mismo sentido que al lacrar un sobre o encomienda, la palabra lacra pareciera definir al sello de una enfermedad o de un vicio.

La pasta rojiza derretida sella una carta como sellan los flagelos actuales a la sociedad.

Es muy común en el lenguaje coloquial utilizar el término lacra para referirse a las personas que no destacan por sus virtudes, o que se caracterizan por su holgazanería y aprovechamiento de los más débiles. El racismo, la discriminación, la homofobia, la misoginia, el abuso infantil, la trata de blancas afectan a millones de personas en todo el mundo y quienes dan cuenta de esos abusos son nombrados como una lacra social.

El término lacra suele utilizarse para referirse en forma peyorativa a personas que representan un mal para la sociedad.

En la actualidad, muchos vicios o defectos marcan a la sociedad como una lacra en relación a diversos flagelos que la atraviesan. Desde la perversión, la violencia, la maldad, la corrupción generalizada, el narcotráfico hasta la contaminación ambiental, existen muchas lacras sociales que atentan contra la calidad de vida, la ecología y la sustentabilidad del medio ambiente.

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