Control social

El control social es un fenómeno que ocurre en todo grupo social, constituido esencialmente por la presión que la sociedad o un grupo dentro de ella ejerce sobre otro.

Implica la existencia de un sujeto activo que es quien ejerce el control, y un sujeto pasivo que es el grupo o individuo que lo recibe para adaptar su conducta a los lineamientos exigidos.

El control social es la influencia que ejerce un grupo social sobre otro, como ocurre con los medios de comunicación en la sociedad actual.

Cuando hablamos de control social partimos de la base de que está asociado a una reacción social frente a la conducta considerada desviada. La presión no va dirigida solamente hacia quienes cometen delitos sino que ejerce su dominio sobre todos los individuos de la sociedad.

Definimos control social como un conjunto de mecanismos que la sociedad desarrolla a través de distintos instrumentos o agentes que garanticen la aceptación de ciertas pautas, intereses y valores.

Mediante el control social la sociedad intenta lograr la cohesión que le permita la supervivencia del sistema social. Regular la conducta colectiva tiene como fin perdurar en el tiempo como sociedad.

Las prácticas destinadas a mantener el orden en la sociedad pueden incluir formas coercitivas o violentas, pero también otras que no lo son como es el caso de los prejuicios, las creencias y los valores.

Se trata de dispositivos o procedimientos por medio de los cuales quienes ejercen el control social consiguen que los sujetos pasivos adapten su conducta conforme a lo que ellos esperan.

La vida en sociedad y la complejidad del entramado social requieren el desarrollo de mecanismos que garanticen comportamientos acordes a los valores aceptados en determinada comunidad.

El objetivo del control social es lograr la uniformidad de la conducta colectiva. Si ello no fuere así estaríamos, según la sociología, frente a un desorden o anarquía, es decir ante comportamientos desviados de la expectativa de la sociedad, a lo que Durkhein llamó “anomia”.

Los medios de control social pueden no estar institucionalizados, es decir ser informales, cuando no tienen una regularidad o una organización creadora de normas. Es el caso de los medios de comunicación social, la moda, la costumbre, las normas morales.

Estos modos de control social son más influyentes que los formales, porque si bien no tienen leyes o normas escritas, transmiten hábitos, costumbres, ideologías y valores muchas veces distorsionados (como por ejemplo la relación entre belleza de la mujer y delgadez).

Condicionan al individuo, tratan de adaptarlo para que responda a las pautas, de disciplinarlo a lo largo de un sutil proceso que tiene comienzo en la familia, atraviesa la escuela, las instancias laborales, la profesión, la iglesia y culmina con una naturalización y actitud conformista de aceptación de los modelos aprendidos.

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