Balotaje

Balotaje, del francés ballotage, es la designación de un candidato electoral a través del sistema de “segunda vuelta”. Es decir que si en una elección ningún candidato obtiene la mayoría de votos, se procede a definir el resultado electoral en una nueva elección entre los dos más votados. Previsto en muchos países, el balotaje es un procedimiento electoral cuyo propósito es disminuir la fragmentación de votos para fortalecer la figura presidencial.

Balotaje es un término originado en el sistema electoral francés, donde ballotage significa “votación por balotas o bolillas” (del italiano ballotas) en referencia a las pequeñas pelotillas o fichas blancas y negras que algunas comunidades religiosas introducían en una urna secreta para votar la elección de un mandatario.

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En el Vaticano también se usó originariamente el verbo “balotar” o “ballottare”que significa decidir o votar por bolillas, junto a la dicotomía blanco-negro (simbología de positivo-negativo) en los mecanismos de votación.

Dicha dicotomía se refleja en la actualidad en ocasión del cónclave para elegir Papa, en el que una columna de humo sale de la capilla sixtina anunciando los resultados positivos o negativos de la votación luego de la ronda de elección papal.

A través de la simbología de la “fumata bianca” o “fumata nera” el vaticano expresa los resultados electorales, en los que el humo negro indica que no se lograron los dos tercios de los votos, con lo cual los cardenales deben seguir deliberando en nuevas rondas o segundas vueltas hasta obtenerlo. Si de la chimenea emana humo blanco la votación fue exitosa.

En América Latina el balotaje se adoptó en los años 70 en Costa Rica y Ecuador, junto a los movimientos democratizadores en varios países. En los 80 y 90 lo adoptaron Argentina, Uruguay, Chile, Bolivia, Guatemala, Perú, Panamá, El Salvador, entre otros.

Actualmente, en la terminología político electoral, balotage o balotaje se utiliza en el sentido de segundo escrutinio o segunda vuelta electoral entre los dos candidatos que obtuvieron mayor cantidad de votos en el primer escrutinio. Es decir que implica una primera vuelta incompleta o insuficiente, con una especie de empate relativo.

Para acceder a un cargo electoral se necesita la voluntad de más de la mitad de los votantes. Si ningún candidato obtiene mayoría absoluta o el 45 % según la ley electoral del país, se define la elección en una segunda vuelta pero sólo entre los dos candidatos más votados. No sucede lo mismo en los cónclaves cardenalicios, en los que se prosigue indefinidamente la elección.

El debate social que se impone a la hora de evaluar este sistema electoral, es acerca de su conveniencia para decidir el futuro de un país, ya que frecuentemente permite acceder al triunfo a candidatos con escaso apoyo popular que llegan al poder mediante pactos o alianzas con grupos irreconciliables unidos por conveniencias e intereses personales ajenos al bien común.

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