Arrogante

El adjetivo calificativo arrogante se utiliza para calificar a las personas que tienen una creencia exagerada de superioridad sobre las demás personas. El término arrogante proviene del latín arrogantis o arrogans “el que se atribuye cualidades”. La arrogancia es un rasgo de tipo instrumental, que tiende a un objetivo a través de una presunción exagerada acerca de sí mismo.

La arrogancia es una actitud que se desarrolla en edades muy tempranas, entre los 5 y 7 años, cuando el niño atraviesa una etapa de egocentrismo característica de su inmadurez, en la que cree que puede ganar siempre y saber más que los adultos. A lo largo del desarrollo se da un paso madurativo y se adquiere cierta objetividad, reconociendo poco a poco que el mundo no gira a su alrededor.

La arrogancia esconde inseguridad y miedo hacia los demás, entorpeciendo las relaciones interpersonales.

El adulto que no dio ese salto madurativo esconde la debilidad de su autoestima en una actitud infantil de superioridad, que es un mecanismo de defensa bajo el que subyace su miedo hacia el otro. La persona arrogante manifiesta su inseguridad a través de la soberbia.

Un ego frágil disfraza su carencia de autoestima con mecanismos de compensación en los que se distorsiona la propia auto imagen recurriendo a la arrogancia, el engreimiento y la altanería.

Cuando nos relacionamos con los demás, entran en juego un conjunto de tensiones donde se ponen de manifiesto las perspectivas de cada sujeto que interviene en la interacción grupal. Cada individuo actúa de acuerdo a sus creencias, sus experiencias vividas, sus matrices de aprendizaje familiares, y es en este intercambio social donde se expresan características como la arrogancia.

La persona arrogante no puede tener en cuenta la perspectiva ajena, ni la otredad, ya que sólo cuenta en su mundo interno la propia perspectiva. Ello causa malestar social, interfiriendo en las relaciones sociales.

Quien es arrogante alimenta su ego llamando la atención sobre sí mismo, imponiendo muchas veces su opinión sin escuchar la de los demás, y en algunos casos atropellando o agrediendo al otro para lograrlo, si es necesario, porque se atribuye derechos por encima del resto, a quien descalifica inconscientemente.

La actitud de menosprecio hacia el otro, de crítica o de indiferencia ante su perspectiva, es una manera equivocada de ganar reconocimiento social. En el caso de que uno o varios sujetos expresen asertivamente su desacuerdo, la arrogancia reaccionará en forma lapidaria para imponer su opinión.

Ante las personas tímidas, el sujeto arrogante marca su territorialidad sin reparos en poner al otro en situación de vulnerabilidad, incluso humillándolo sin claros motivos, estableciendo la idea de se le debe tratar con privilegios y deferencia.

Se trata de una especie de chantaje en el que el arrogante se da importancia imponiendo un trato que no se ha ganado por su posición de liderazgo sino por lograr la sumisión de sus interlocutores ante su altivez.

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