Del latín litteralis, decimos que una interpretación comunicacional es literal cuando es fiel al espíritu original de las palabras escritas o pronunciadas.

Según el origen de su etimología, litteralis se refiere a la letra y no a lo literario. Es decir que el adjetivo literal se vincula con el significado estricto de las palabras.

No debe confundirse la interpretación literal, fiel a las letras, con lo literario.

En este sentido, es literal lo que respeta con fidelidad el sentido propio de cada palabra. Lo literal no altera el significado estricto de ningún término.

La literalidad se contrapone con el simbolismo, también llamado sentido figurado. El simbolismo es el significado que le atribuimos o que deducimos de las palabras según el contexto en el que son expresadas.

En nuestra interpretación de los mensajes comunicacionales, no debemos ignorar los filtros de nuestras mentes. Muchas veces escuchamos lo que nos gustaría escuchar, que no es exactamente lo que el interlocutor nos dijo.

Es común que lo que creemos escuchar coincida o convalide el argumento mental que teníamos en forma predeterminada en nuestro intelecto.

Por ejemplo un halago expresado con la intención exacta de halagar a otra persona, puede ser escuchado como una ironía por alguien que no tiene buen concepto de sí mismo.

La interpretación personal juega un papel importante otorgando un simbolismo a lo dicho, una interpretación subjetiva representacional que altera el significado literal de las palabras pronunciadas. Por ello el lenguaje es literal cuando se opone al figurativo o metafórico.

Las traducciones son un ejemplo ostensible de lenguaje literal, ya que deben respetar con exactitud la estructura sintáctica del texto original.

Un mensaje literal es el que reproduce “al pie de la letra”, es decir letra por letra, aquello que se ha escrito o se ha dicho.

En Derecho, los jueces dictan sentencia en sentido literal cuando se apegan a lo escrito en la normativa, se ajustan a la letra de la ley.

Pero es atribución de los jueces interpretar el espíritu de la ley para aplicarla al caso concreto a juzgar, es decir interpretar la intención que tuvo el legislador al dictarla. De modo contrario, no se haría justicia.

En la Biblia encontramos otro ejemplo de sentido literal y de sentido simbólico de las palabras, así como ambos están presentes también en toda la literatura universal.

El lenguaje bíblico está lleno de metáforas y símbolos, porque Jesús recurrió a este recurso de la comunicación en especial a través de la parábola.

Para llegar en forma sencilla al pueblo, utilizó constantemente el lenguaje simbólico:

  • El Reino de Dios es como una “semilla”, como un “banquete”, como una “boda”, como la “mostaza”, entre otros.
  • A Pedro, que tenía el oficio de pescador, Jesús le dijo “serás pescador de hombres”.
  • A Pedro, también, le dijo “tú te llamarás “piedra” y sobre esa piedra construiré mi iglesia”.
  • A Nicodemo Jesús le dijo: es necesario “nacer de nuevo”, pero no entrando de nuevo al vientre de tu madre (Juan 3.3-10)

La interpretación literal del profundo mensaje bíblico empobrece y tergiversa el verdadero significado. Es necesario superar lo literal del mensaje metafórico, que se limita a tomar todo “al pie de la letra”, para comprender la profundidad del mensaje real.

No comprenderemos el verdadero mensaje transformador y liberador de Jesús si no dejamos de lado la literalidad, para adentrarnos en la interpretación simbólica de sus expresiones.

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