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Dualidad

La dualidad es la cualidad propia de la dialéctica, por la que dos juicios opuestos en una misma situación no pueden ser válidos a la vez. Las nociones de bien y mal son contradictorias, y constituyen una dualidad.

En ese sentido, según la filosofía hegeliana (Georg Hegel) en una de sus contribuciones más brillantes y controvertidas, la dialéctica está presente en todo lo que existe.

La dualidad está implícita también en la estructura de la lengua, a partir de un simple hecho. Hay para cada discurso un contra-discurso, por lo mismo que una proposición positiva puede oponerse a una negativa del mismo contenido. Cada afirmación implica la posibilidad de una negación.

dualidad a través de las manos con pulgar levantado y bajado

Los opuestos coexisten en todo lo que es real, pero sólo uno predomina en la misma situación

Etimología

La palabra procede del latín dualitas, dualitatis, duo, que significa “dos”. Así entendemos como significado “la cualidad de dos aspectos”, o de dos naturalezas. O también el “conjunto de dos cosas enlazadas”, carácter de lo que presenta doble aspecto. El vocablo deriva también de dualis, cuyo significado es “dual”, y que en tiempos del imperio romano designaba un número gramatical. Dicho número no expresaba la idea de singular (para referirse a uno) ni la de plural (para referirse a muchos), sino la idea de dual (en relación a dos).

¿Qué es dualidad?

Es un término que señala la existencia de dos polos opuestos en toda situación, ideología, fenómeno, o estado de cosas. La contradicción forma parte de la realidad, y si podemos prestarle atención la veremos en todo lo que pasa. El bien y el mal, lo bueno y lo malo, la calidez y la indiferencia, la honestidad y la deshonestidad. Las personas también contienen en su naturaleza dos fuerzas que se oponen y ejercen resistencia.

El niño interior que todos tenemos adentro pugna por salir y dar rienda suelta a sus deseos. Pero el adulto que también somos pone en juego su sistema inhibitorio para moderar la conducta de acuerdo a las normas sociales. Las dos fuerzas en pugna siempre tienen un vencedor, un polo predominante mientras el otro subyace.

Cada fuerza contiene en ella su opuesta, y siempre están en lucha aunque no nos demos cuenta. Somos materia y espíritu, y ambas se excluyen mutuamente. En determinadas condiciones cada polo puede predominar sobre el otro. Pero nunca ambos a la vez.

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