Burropié

Burropié es una expresión lingüística que se utiliza para referirse a personas que trabajan para otra sin ningún tipo de limitaciones ni condicionamientos relacionados con los valores morales. Es decir, son individuos de confianza que sirven a otros con lealtad y fidelidad, sin cuestionar la moralidad ni la ética de sus órdenes.

El término burropié, como su nombre lo indica, refiere en sentido metafórico al burro. Un animal doméstico muy longevo que fue utilizado por las civilizaciones griegas y romanas como animal de carga, por su lealtad y nobleza en el trabajo.

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El burro, animal fiel al hombre, fue reemplazado en cantidad considerable recién con la aparición de la maquinaria agrícola y los medios modernos de transporte.

Sus largas orejas tienen la función de distinguir mejor los sonidos a la distancia, y sus duros pies se aferran con fuerza a la superficie por la que caminan, debido al peso que soportan. Son animales muy sufridos en el trabajo, considerados toscos y brutos. Sin embargo, su fidelidad y funcionalidad convirtieron al burro en una herramienta indispensable de trabajo en la era antigua.

Actualmente ya casi en extinción, los burros suelen verse como mascotas acompañando a viejos fotógrafos en los centros de atracción turística.

Sin embargo, la lealtad de este animal inspiró en el lenguaje vulgar la expresión burropié para definir a personas que obedecen sin escrúpulos actividades deshonestas de funcionarios públicos y políticos. Son ayudantes que cumplen un rol de persona de confianza, intentando desviar la atención de la opinión pública si es necesario, para poder alcanzar los fines buscados.

Suelen ser ciudadanos obsecuentes con el poder, que trabajan para el gobierno sin denunciar la pérdida de valores. Con terminología sofisticada y estadísticas disfrazan la verdad con las supuestas maravillas de su liderazgo.

Los burropié son frecuentes en los estados totalitarios donde la maquinaria propagandística los utiliza en forma intensiva para controlar la conducta humana de la sociedad, como es común en los gobiernos fascistas.

Así como para algunos el fin justifica los medios, al decir de Maquiavelo, es oportuno recordar a Mahatma Ghandi cuando dijera que «obedecer leyes injustas es contrario a la dignidad humana».

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