VIH

El virus de la inmunodeficiencia humana infecta las células del sistema inmunitario llamadas linfocitos T CD4 o helper, que tienen un rol clave en la respuesta inmune, puesto que activan a otras células coadyuvantes. El virus anula o altera sus funciones provocando un deterioro progresivo del sistema inmune con la consiguiente deficiencia, reflejada en la falta de capacidad del organismo para responder y luchar contra las infecciones y enfermedades.

La historia natural de la infección por VIH consiste en una primoinfección, asintomática o desapercibida en más de la mitad de los casos, seguida de un período de latencia clínica de varios años en los que el virus sigue replicándose de forma activa en diversos compartimentos y en sangre periférica.

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En el siguiente período, la mayoría de los pacientes desarrollan infecciones oportunistas o neoplasias como consecuencia de una profunda inmunodepresión. A esta fase o período final se la denomina SIDA, o sea síndrome de la inmunodeficiencia adquirida.

Los VIH pertenecen a la familia Retroviridae, subfamilia Lentiviridae. Se caracterizan por ser virus ARN diploides, monocatenarios de polaridad positiva, y por presentar una cápside recubierta por una envoltura lipídica derivada de la célula hospedadora, donde se hallan presentes las glucoproteínas de codificación vírica (gp 120 y gp41) que interaccionan con los receptores de la célula diana y antígenos de histocompatibilidad procedentes de la célula infectada.

Gracias a la presencia de una enzima denominada transcriptasa inversa o retrotranscriptasa, el virus tiene la capacidad de integrar su ADN al genoma de la célula huésped.

Una de las principales características del VIH es su importante variabilidad genética que, conjuntamente con su elevada cinética de replicación, hacen que sea un virus que se adapta fácilmente a ambientes rápidamente cambiantes, como las presiones ambientales selectivas de tipo inmunológico o farmacológico.

El VIH se replica activamente en sólo una pequeña proporción de linfocitos infectados, responsables de la enorme producción de viriones observada en el paciente infectado. En la mayoría de los linfocitos el VIH se integra en el genoma celular, donde permanece en estado de latencia. Estas células constituyen un auténtico reservorio vírico que no parece modificarse con el tiempo o el tratamiento antirretroviral.

El VIH se transmite a través de las relaciones sexuales anales, vaginales y orales con alguien infectado; durante el embarazo, parto y lactancia se transmite de la madre al hijo; y por el uso compartido de jeringas, agujas u otros elementos punzantes, como así también por transfusiones de sangre contaminada.

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