Longanimidad

La longanimidad es una cualidad de las personas longánimes, es decir de aquellas que sin quejarse aceptan las adversidades de la vida. Longanimidad deriva del latín longus que significa largo, y ánima o alma (por lo que longus ánima significa largo sufrimiento) en referencia a la cualidad de la paciencia y perseverancia que se tiene para aceptar las dificultades.

La longanimidad permite esperar el bien que se desea sin desesperar y tolerar la lentitud o duración del mal que se recibe o se sufre. Es un estado anímico que se refleja en la mirada y en el rostro.

abuela

La longanimidad es una virtud, una disposición del ánimo que nos permite esperar sin amarguras ni quejas sino con ecuanimidad las dilaciones del logro de nuestras metas.

Para el cristianismo, la longanimidad es un fruto del Espíritu Santo que opera en la persona que tiene fe, para que pueda esperar con tolerancia y paciencia la consecución de su objetivo de vida de acuerdo al propósito de Dios, por extraordinario que sea el sufrimiento o la prueba. Esta virtud es movida por el amor, la generosidad, la clemencia y benignidad, que permiten soportar todas las adversidades y obstáculos con la certeza de que siempre, pase lo que pase, se realizarán esos propósitos según el plan del Creador.

Si se demoran los tiempos y los esfuerzos parecen estériles, la longanimidad aparece como una expresión de la virtud de la esperanza. Pero para ello es necesario no sólo el dominio propio sino la fe y la confianza en Dios. En el libro de Gálatas 5:19 el apóstol Pablo habla de la “carne” en referencia a nuestra naturaleza humana, y de las “obras de la carne” en relación a nuestro egoísmo, celos, envidia, ira, homicidios, fallas para las cuales el único antídoto es el Espíritu Santo con sus frutos, entre los que se menciona la longanimidad.

Sinónimos de longanimidad

nobleza, magnanimidad, altruísmo, generosidad,

Antónimos de longanimidad

bajeza, egoísmo, envidia, tacañería

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